En un día como hoy pretendía hablar del lanzamiento de la
Biblioteca Digital Mundial por parte de la
Unesco. Pero para no repetir temas de
otros compañeros hablaré de las efemérides de este día, que han hecho que se bautizara como el
"Día Mundial del Libro y los Derecho de Autor".
¿Y por qué el 23 de abril y no el 7 de octubre?
Según he leído en
algunas fuentes, el
primer día del libro en España tuvo lugar el
7 de octubre de 1926 como conmemoración del nacimiento de Miguel de Cervantes, por sugerencia del escritor valenciano Vicent Clavel Andrés a la Cámara Oficial del Libro de Barcelona. La iniciativa empezó en la ciudad condal, pero enseguida se extendió al resto de la Península.
Sin embargo poco después (en 1930) se cambió la fecha al
23 de abril, coincidiendo con el día de la muerte de Miguel de Cervantes y William Shakespeare. Sí, por lo visto ambos genios de la literatura universal fallecieron en 1616 ese mismo día, quedando con ello unidos para siempre por la muerte según algunos por azar y según otros por "los inescrutables designios del destino".
No por ello hay que olvidar que también en esta misma fecha nacieron o murieron escritores reconocidos como Josep Pla, Maurice Druon, K. Laxness, Vladimir Nabokov o Manuel Mejía Vallejo.
Dos grandes unidos por la muerte
Por todo esto, la
Conferencia General de la UNESCO celebrada el
15 de noviembre de 1995 en París eligió esta fecha tan simbólica para rendir homenaje a la literatura, declarando oficialmente el 23 de abril como el "Día Mundial del Libro y los Derechos de Autor".
La idea inicial de este festejo era descubrir o acercar el placer de la lectura a toda la población, y parece que se consigue año tras año, ya que este día se ha convertido en la excusa perfecta para
regalar libros.
Puesto que la idea de esta celebración nació en Cataluña y la fecha finalmente elegida coincide con los festejos en honor a su patrón, se han unido ambas celebraciones (una vez más, desde allí se han ido extendiendo al resto de España) dando lugar a una agradable mezcla:
regalar una rosa (por la
leyenda de Sant Jordi) al comprador de un libro.