Sin embargo, esta "pequeña empresa" creció de manera exponencial hasta el punto de llegar a preocupar a la propia compañía en alguna ocasión.
Entre los aspectos más destacables de este crecimiento es notable la diversificación de los productos que ha ido ofreciendo Google con el paso del tiempo, y que sigue en aumento permanentemente.
Poco a poco, y quizá sin darnos cuenta, los usuarios de Internet nos estamos adaptando a la forma de vida 100% hasta adquirir lo que Eduardo Arcos denomina Síndrome de Dependencia a Google.
Es sin duda dicha dependencia la que nos provoca que demos por válidos todos los datos que obtenemos de dicho navegador, sean los que sean.Pero, ¿realmente es cierto todo lo que nos dice? Quizá deberíamos poner en tela de juicio la veracidad de los datos de Google Analytics, la integridad de los propios resultados del buscador, o incluso cuestionar las razones morales que, según le conviene, aplica cada vez.
En mi opinión estamos dando cada día más poder a Google, y de seguir así acabaremos por convertirlo en el nuevo Microsoft (como ya lo ven algunos y otros se lo toman en serio), o como mínimo en uno de los monopolios más grandes de la red. Como dijo en su día Rebeca de las Heras, no es sino un "monopolio con cara de buen samaritano".
Problemas (o más bien las consecuencias que han desatado) como los que han tenido lugar una, otra y otra vez, incluso hoy mismo nos recuerdan, de nuevo, la peligrosa dependencia a la que nos exponemos con el gigante.

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